No te van a recordar.
Nadie vuelve del olvido.
¿Sabes cuánto tiempo eres visible en un recuerdo?
Quedarse a vivir en fotos, en instantes.
Otra vez y por un rato.
El sentado en el suelo con las piernas cruzadas y nosotras encima.
Como si ese hombre fuera la única superficie firme del mundo.
Un jardín cualquiera, un dia cualquiera. El no es cualquiera.
Nos quedamos mirando los detalles que no recordábamos:
Un ceño fruncido, unos rizos ásperos, una piel marrón.
Con ese gesto suyo de sostenernos sin que pareciera que lo estaba haciendo...
como si fuera la cosa más natural y ligera del mundo.
Cada vez que volvemos a esa foto descubrimos nuevos recuerdos.
Algo que solo es visible cuando has vivido lo suficiente para entenderlo.
Así funcionan los recuerdos, crecen contigo.
Conversan distinto según el momento en el que estés.
Se graban en el corazón cuando alguien estuvo visible para otro.
Cuando algo importó lo suficiente para que la atención se quedará ahí...
entera, sin irse a otro sitio.
Pensamos en toda la gente que no genera recuerdos.
No porque no hayan vivido, sino porque nunca están presentes para crearlos.
Ignorarse pasa factura.
Ignorar a quienes tenemos cerca mientras estamos muy ocupados construyendo otras cosas, es aún más caro.
Personas que trabajan creyendo que ya está todo dicho.
Que los suyos lo entienden, que ya habrá tiempo para estar presentes.
La visibilidad no se convierte en recuerdo si nadie estuvo ahí para recibirla.
Nuestro padre sigue siendo visible gracias a su recuerdo.
Es visible con ejemplo, calor, viento, coraje.
Es visible en los libros, el arte, la música, la risa.
Es visible en nuestra fortaleza, humanidad, carac-ser y, mucho carácter.
Se llamaba Juan.
Su contraseña Blacky, por aquello de ser negro.
En casa, papá.
Ya no está.
Lo que nos queda de él no cabe en ningún logro.
Cabe en una presencia memorable de quienes le quisimos.
Cabe en esa tarde de jardín que él quizás ni recordaba y que nosotras llevamos como si fuera lo más valioso que tenemos.
Lo que no existe, no se recuerda.
Lo que no se recuerda, no se guarda.
Cuando ya no quede nada más, es lo único que seguirá presente.
Te van a recordar si eres visible.
Todos vuelven al recuerdo inol-VIDA-ble.


